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Quién atiende
los problemas oculares y quién los visuales?
Miguel Angel Menéndez
Optómetra S.C.O.
La Optometría es la mejor respuesta a los problemas de salud pública visual!
Dentro de nuestro sistema de salud, quien “recepta” indiferenciadamente los problemas oculares y visuales, es el oftalmólogo.

Es decir, el Estado ha preparado médicos que fueron profesionalmente diseñados para desempeñarse en cirugía ocular, y los está afectando a exámenes de la visión (para eso está el Optómetra), en lugar de destinarlos a resolver los problemas de patología ocular que padecen millones de personas sin recibir solución.

Por su perfil profesional y humano, el Optómetra se constituye indudablemente, en un agente imprescindible y un verdadero ordenador del sistema. Actuando en el nivel primario, es además un canalizador de problemas que detecta en forma precoz.

Intento diferenciar aquí, los dos grandes y bien diferenciados aspectos de la problemática oculo-visual de las personas y la forma en la que debería ser abordada profesionalmente, para que no todos los acudientes sean tratados como “enfermos” y que, la población que lo requiera, obtenga la respuesta más adecuada y efectiva con el menor costo.
 

PROBLEMAS OCULARES:
Los problemas oculares, son atendidos por el Oftalmólogo, mediante tratamientos médicos en clínica y/o cirugía ocular.
El Oftalmólogo es el Anátomo-Patólogo del Ojo.

En pocas pero concretas palabras, estos problemas pueden tener diversa etiología, pero en definitiva, se asume que cualesquiera sean sus características, requieren, dentro de sus respectivos niveles de complejidad, de procesos terapéuticos oftalmológicos, mediante procedimientos clínicos y/o quirúrgicos, los cuales a todas luces deben ser practicados por Médicos Oftalmólogos, dada su formación específica y competencia directa.

PROBLEMAS VISUALES:
Estos, son atendidos por el Optómetra, mediante procedimientos científicos que no incluyen medicinas o cirugía alguna.
El Optómetra, es el Físico-Fisiólogo de la Visión.

Estos problemas o condiciones ópticas del ojo sano, mal llamados “enfermedades oculares”, son simples condiciones anómalas del enfoque óptico (hipermetropía, miopía, astigmatismo, presbicie), de la acomodación o convergencia (excesos e insuficiencias), que tienen su origen en los DEFECTOS REFRACTIVOS o anomalías sensoriales de la visión mono y binocular.

Un elevado porcentaje de estos problemas visuales, se deben a la adopción de malas posturas de las personas, durante la permanencia en tareas de gran exigencia visual (académicas o laborales) y/o a fatiga visual en condiciones de trabajo inadecuadas (iluminación, polvo en el ambiente, distancias inapropiadas para el enfoque visual, etc.).

Los anteojos o lentes de contacto, nos permiten compensar DEFECTOS REFRACTIVOS o dicho en otras palabras, resolver la dificultad que tienen algunas personas para enfocar nítidamente los objetos.

Podríamos enumerar aquí, una gran diversidad de consecuencias negativas que pueden tener las personas con defectos refractivos, cuando éstos no son  corregidos a tiempo o bien cuando son mal corregidos, sin contar el aspecto psico-social.

Por ejemplo, a una persona que por causa de un simple defecto visual le surjan  dificultades para realizar sus actividades cotidianas, como leer, escribir, planchar, dibujar, ver la televisión, conducir un automóvil o manejar una computadora (entre otras), le surgirán además, una serie de limitaciones sociales que irán en perjuicio de sus oportunidades, de su personalidad y de su carácter.

Este tipo de personas, necesita un perfecto estudio de sus capacidades y de sus deficiencias visuales, y un adecuado tratamiento de estas últimas, con compensaciones ópticas o entrenamiento visual, o ambas cosas a la vez.

Una vez que el problema visual haya sido corregido, esta persona dejará de presentar dificultades visuales, viéndose a sí misma mucho más capaz de afrontar retos que antes no intentaría (al optimizar su eficiencia visual), mejorando en consecuencia, su autoestima, su calidad de vida y siendo más útil a la sociedad.

Ahora bien, no todos los defectos refractivos son corregibles exclusivamente con anteojos.

Dependiendo de las características del defecto y de las condiciones de las reservas fusionales de la persona y, si tiene o no una patología asociada, así como de las exigencias propias de su desempeño académico, laboral, etc., se deberá considerar el tratamiento más adecuado, que conduzca al reestablecimiento de tales condiciones a parámetros normales.

Una vez concluido el tratamiento en forma satisfactoria, el paciente podrá desempeñarse normalmente, frente a dichas exigencias.

Considerando que el Optómetra actúa profesionalmente en personas sanas, pero con condiciones anómalas de la refracción (es decir del enfoque óptico), cuenta con la formación académica adecuada y el perfil profesional apropiado, para optar por otro tipo de tratamiento o bien complementarlo interdisciplinariamente con otros profesionales, cuando el caso así lo amerita.

Tal es así que mediante un correcto diagnóstico optométrico, a veces complementado con diagnóstico médico, el Optómetra (como integrante del equipo multidisciplinario)  puede optar por la conducta clínica de administrar terapia de tipo funcional (entrenamiento visual para el ajuste de las reservas fusionales) en el paciente, tendiente a mejorarle las condiciones y eficiencia visuales o bien, si el caso así lo exige, remitirlo al oftalmólogo para tratamiento en el nivel médico; de ahí que no siempre los defectos refractivos deben corregirse con anteojos.

Dentro de los riesgos que corre la población, con defectos visuales refractivos que no han sido detectados a tiempo y correspondientemente corregidos o formulados incorrectamente, podemos citar la AMBLIOPÍA, la cual, a no dudarlo, merecería un capítulo aparte.

Cuando el niño nace, comienza para él una etapa de aprendizaje que incluye el desarrollo de los reflejos visuales, para llegar a tener en su vida futura, una visión que le permita desarrollarse, como persona útil, en la sociedad.

 Durante esa etapa del desarrollo oculo-visual, intervienen una serie de factores que determinarán no solo su condición visual cuando sea un adulto, sino además se le irán instaurando limitaciones académicas y/o laborales y por ende afectivas y sociales, si el niño no ha sido sometido a un examen ocular-visual durante el proceso de  desarrollo de los denominados reflejos oculo-visuales. El sistema, no debería esperar a que el individuo acuda a la consulta una vez que el problema se haya instaurado; se deben procurar acciones de prevención en forma institucional, articuladas por ejemplo, con el área educativa.

Si durante el proceso de su desarrollo (hasta los 6 años), en el niño se altera el reflejo de fijación por alguna causa, se generará una AMBLIOPÍA. Vale decir, en su vida adulta, el niño tendrá una visión central disminuída, sin oportunidad de mejorar su condición, aún con la utilización de ayudas visuales convencionales.

 Un niño corre el riesgo de ser amblíope, aunque sus condiciones oculares sean normales (es decir no padece enfermedad alguna), si su estado refractivo visual tiene una deficiencia (hipermetropía o astigmatismo) en uno o en ambos ojos, o una anisometropía (diferencia significativa de los defectos refractivos de un ojo comparado con el otro, que le impide integrar las imágenes). En este caso, si la anisometropía no es corregida a tiempo con anteojos o lentes de contacto, el paciente irá suprimiendo la función visual del ojo de menor agudeza visual (con mayor defecto refractivo), en detrimento del desarrollo de su visión binocular.

Los pacientes con Ambliopía orgánica, son de manejo exclusivo del oftalmólogo. Pero en los casos de Ambliopía estrábica, el Optómetra es un profesional complementario, especialmente en el apoyo del diagnóstico y en los tratamientos pre y postquirúrgicos, relacionados con la recuperación funcional del sistema visual.

Vale la pena mencionar que durante el Programa Optométrico de Salud Visual “Argentina Se Hace Ver”, llevado a cabo por nuestra Institución, entre septiembre 13 de 1993 y Mayo 31 de 1997,  se encontraron 1.034 (5,95 %) casos de AMBLIOPÍA, es decir no corregibles visualmente en esta etapa de su vida, debido a que no contaron en el momento oportuno, con la posibilidad de una detección precoz de su alteración. La muestra es sobre un total de 17.383  personas atendidas durante el Programa.

Este porcentaje de ambliopías detectadas en dicho Programa, es un “alerta roja”, si lo comparamos con los existentes en la mayoría de los países en vías de desarrollo, los cuales  no superan el  2,5 %.

Si bien los defectos refractivos se compensan con ayudas ópticas, se debe tener en cuenta que existen determinadas patologías de origen ocular e inclusive sistémica, que pueden generar alteraciones, circunstanciales o permanentes, en la refracción visual de las personas. En dicho sentido, es de fundamental importancia que el Optómetra se encuentre en capacidad  de detectar anomalías en forma precoz, remitiéndolas a tiempo a otros profesionales, evitanto así daños mayores a futuro.

 Es así como la Optometría, se constituye en la mejor respuesta a los problemas de salud pública visual.
GRUPOS DE POBLACIÓN 
PROBLEMAS VISUALES OPTÓMETRA 
PROBLEMAS OCULARES
OFTALMÓLOGO
Lactantes (0-1 años)
0 %
1,5%
 Edad preescolar (1-5 años)
4,5 % *
1,5 %
Edad escolar (5-14 años) 
26 % *
0,7 %
Hombres en edad económicamente activa (15-44 años)
30 %
4,5 %
 Edad económicamente activa y mujeres en edad fértil (15-44 años)
30 % 
14 %**
Prepensionados o adultos mayores (45-60 años)
100 % 
14 %
 Tercera edad o ancianidad (may. 60 años)
100 %
37 %
Es así como la Optometría, se constituye en la mejor respuesta a los problemas de salud pública visual.